EL Observador

16:54 hrs. Martes 28 de mayo de 2013 Wimper Romero Jara

Abuelas del siglo XXI

La abuela, aquel personaje preferido de los cuentos y novelas, ha ido cambiando su imagen de acuerdo al tiempo y las sociedades conservando siempre ese halo de bondad y dulzura que ha inspirado e inspirará conmovedoras historias.

Y de la viejita que hace galletas y teje en mecedora se transformó en la jefa de familia por las circunstancias trágicas de la viudez prematura o de la emigración de los hijos. De mujer sufrida pasa a ser la señora acorde con la moda, sobria pero elegante, sencilla a la vez que distinguida. Y es que la Tercera Edad va evolucionando al ritmo del medio en el que se desenvuelve.

Nada está vedado para ella en la era del 2000. Hoy vemos que no han dejado de contar relatos sin descuidar el desempeño de un trabajo u oficio y que ayudan en las tareas escolares actualizándose contemporáneamente en el uso de Internet.

Y así por el estilo. Todo ello impulsado por la fuerza ilimitada del sentimiento hacia su descendencia, detalle que no ha variado a través de los siglos. De ahí que no sea raro encontrar a individuos que refieren haber sido criados por su abuela, o tener casa gracias a su antepasada, incluso hay quienes deben su profesión a estas parientes.

Tal vez lo que no podemos imaginar es hasta dónde puede llegar una adulta mayor en caso de necesidad. Mejor dicho no podíamos hasta hace unos años (2007) en que la cinematografía inglesa recreó el problema de Maggie, una tímida ama de casa común, que necesita mucho dinero para un trasplante de médula del nieto y no duda en buscar trabajo, pero es rechazada por ser muy mayor o sin experiencia y finalmente acude por curiosidad a una cita en la que se solicita una ¨anfitriona¨ y el lugar resultó ser una casa de placer y el oficio una sofisticada forma de satisfacer anónimamente al cliente. Inicialmente indecisa, la necesidad puede más y se convierte en Irina Palm (nombre del filme), actividad que permite el viaje de sus familiares a Australia.

Aunque rechazada -al conocerse el origen del dinero- la película demuestra con inigualables elementos que el potencial afectivo de una abuela va mas allá de convencionalismos y moralismos y que ha sido igual tanto en siglos pasados como en este que nos ha tocado vivir.



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