EL Observador

13:43 hrs. Viernes 03 de mayo de 2013 Francisco Santibáñez Yáñez

La reforma constitucional

Francisco Santibáñez Yáñez / Profesor Derecho Público UNAB

La decisión de la candidata presidencial Michelle Bachelet de crear una comisión de expertos para la elaboración de una propuesta de trabajo que sirva para preparar un cambio constitucional ha generado un interesante y apasionante debate. Por ello, sin lugar a dudas, la próxima elección presidencial y parlamentaria estará determinada -en buena medida- por esta discusión, que implica, en definitiva, formular posibles respuestas a dos interrogantes: qué es lo que realmente se necesita cambiar de nuestra actual Constitución y, luego, en caso de ser afirmativa la respuesta, abordar la pregunta de cómo efectuar dicho cambio. Cualesquiera que sean las respuestas que cada uno de nosotros considere más apropiadas o legítimas, lo cierto es que el debate debe estar a la altura de los desafíos que estas dos preguntas plantean a la clase política chilena.

De la constatación anterior surge la necesidad de que los candidatos -tanto presidenciales como parlamentarios- y, en especial, los partidos políticos expliciten sus respuestas, elaborando argumentos que las justifiquen, a objeto de que sean escrutados mediante el uso público de la razón. En otras palabras, el período electoral que se nos avecina debe ser aprovechado por los actores y fuerzas políticas para entregar a los ciudadanos las herramientas necesarias para que al momento de ejercer su derecho a sufragio decidan sobre la base de propuestas concretas, precisas y razonables.

Lo anterior constituye una exigencia ineludible para la buena salud de nuestra democracia, ya que la discusión sobre nuestro régimen constitucional no puede efectuarse sobre la base de simples lemas o prejuicios, ni tampoco a partir de un voluntarismo político que no tenga los necesarios elementos de realismo y pragmatismo que exige la vida política en sociedades abiertas y plurales. En este sentido, un rol principal deben jugar los medios de comunicación social, las universidades y centros de estudios, a objeto de generar espacios neutrales donde dicha discusión y diálogo sea posible.

Por último, es necesario recordar que una constitución es ante todo -como la concibieron originalmente los ingleses en siglo XVII- un instrumento de gobierno que limita, restringe y permite el control del ejercicio del poder político, para así asegurar precisamente "un gobierno libre de iguales". De esta forma, y en caso que la sociedad chilena concluya que es necesario efectuar un cambio constitucional que sea reflejo de un nuevo consenso político, no olvidemos la premisa que la Revolución Francesa asentó en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789 que, en su artículo 16, proclamaba: "Toda sociedad en la que la garantía de los derechos no esté asegurada, y en la cual la separación de los poderes no esté determinada, carece de constitución".



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