EL Observador

12:46 hrs. Miércoles 06 de marzo de 2013 José Ramón Toro Poblete

Un nuevo año escolar

José Ramón Toro Poblete / Profesor - Liceo Max Salas Marchán

A propósito del inicio del año escolar 2013, parto de la premisa que todos los adultos fuimos adolescentes. ¡Todos vivimos la adolescencia!, o edad del pavo como se le decía antiguamente. A muchos nos nacía el ir en contra de los reglamentos, en contra de lo establecido. No podemos negarlo.

El desafío de los padres y apoderados. ¿Cómo podemos persuadir a un hijo (ángel) de la necesidad de acomodarse a una institución llamada escuela? Existen varias claves, la primera es no olvidar que fuimos reaccionarios, timoratos o simples "pajaritos" ante las normas establecidas. Hasta los más "santitos" alguna vez no fueron al colegio o burlaron una norma.

La segunda clave es entrar en el universo de la inestabilidad del adolescente, sin que usted se desestabilice buscando la confrontación, atropellándole con la experiencia, autoridad o rigidez.

La tercera es, comprendiendo el universo del adolescente, ser consecuente con todo lo aprendido y manifestarlo con autoridad y claridad, porque eso esperan: autoridad y claridad. Y, más que experiencia, esperan de nosotros consecuencia.

La cuarta clave es saber negociar actuando en forma recia, pero prudente. La reciedumbre nada tiene que ver con la intransigencia y violencia. El intransigente no dialoga ni negocia: impone. El recio nunca abandona su obligación, educar.

Esta clave es la más perfecta y la más compleja porque supone educar buscando el lenguaje y momento adecuado para formar una persona con criterios y capacidad crítica, tolerancia y respeto hacia una institución llamada escuela o liceo.

Entonces, el llamado es ayudar desde su hogar, porque la familia es la primera escuela a la que asiste el hijo. Allí se educa y aprende valores cristianos y humanos.

¿Cómo ayudar? Siendo firme, consecuente, claro y honesto al comunicar a su hijo que está de acuerdo y ha aceptado el reglamento Interno del establecimiento donde lo ha matriculado.
No sea de ese tipo de papá o mamá que va a la escuela dos veces al año. La primera cuando lo va a matricular o a dejar a su hijo y, la segunda vez (fin de año), cuando va a reclamar porque su hijo repitió de curso. Esos no ayudan ni sirven para mejorar la calidad de la educación.

La educación comienza en la familia, en su casa. En la escuela se sistematiza, se entregan contenidos, se aprende a aprender, se desarrollan habilidades y destrezas para investigar, pensar, crear y proyectar lo aprendido en su proyecto de vida y participación en la sociedad. Esto es la escuela, no es una guardería.

La educación mejora en calidad, cuando usted se compromete con su hijo y hace camino con él y con la escuela también; cuando la sociedad y autoridades reconocen y valoran, en justicia, el trabajo y dignidad de cada profesor.



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