EL Observador

13:11 hrs. Lunes 11 de febrero de 2013 Víctor Delgado Espinoza

La cultura segregada

Cuando recién asumió el actual Gobierno de centro-derecha, me saltó una duda. ¿Qué será de los artistas ahora? Esto, porque conozco a muy pocas personas que sientan ese gusto o pasión de hacer arte con un pensamiento ligado a ideas de la derecha.

Lo digo con razón de causa. Tengo buenas relaciones con los artistas porque he trabajado con varios y entiendo su seno interno, el de querer expresar lo más íntimo del alma y plasmarlo bajo una vía de expresión que nos llegue a cada uno de los mortales. Y el tema político en la gente con que he conversado siempre tiene como algo natural, como que es parte de un pack o tiene que ser así porque sí. Sé que la política es inherente al arte o viceversa, pero me detendría a pensar en el mensaje que se entrega, porque hay una delgada línea de intencionalidad en él, lo cual podría verse como un tema de interés, dejando la espiritualidad a la venta.

Es decir, pintores, músicos, escultores, actores, folcloristas, arquitectos, diseñadores, cineastas, fotógrafos: con todos he tenido conversaciones referente a posiciones respecto a cómo se aborda este tema, sacándolo a flote, con respeto y altura de miras. Entonces, cuando comencé a recabar información y opiniones, sentí que la respuesta cada vez se hacía más grande ante la pregunta sobre qué pasa hoy con los artistas.

Porque acá hay dos partes. La primera es la obligación de los gobiernos a fomentar la creación y la cultura, sin importar su color político. Pero la segunda es la que me intriga, ¿qué hace un artista sesgado ante su ego, teniendo al frente a un sujeto que representa a una coalición política contraria? ¿Cómo enfrenta en su interior ese dilema que choca con parte de su esencia e inspiración?

En el régimen militar los artistas jugaron un rol concientizador muy importante para los que apoyaban el regreso de la democracia, algunos perseguidos, exiliados y realizando representaciones desde donde era posible. En ese entonces, "Libertad" era la palabra clave que estaban imprimiendo y buscando los creadores de esa época. Lo consiguieron.

Luego el arte tomó forma bajo la institucionalidad cultural, que se llama hasta hoy Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, cuyo gran motor de fomento son los fondos concursables. Y es así como nacen los agentes culturales, los artistas que van tras un trozo de la torta y se comienza a mezclar la política con cultura a nivel negocio. ¿Podemos hablar de libertad?
Por otro lado el gasto público en cultura está por sobre el 0,4%, lo que representa una inversión superior a la registrada los años de gobiernos anteriores, pero creo firmemente que los recursos siguen siendo muy pocos para lo que significa en una nación el fomento de las actividades creativas.

Acá hay una deuda tremenda con el arte en sí. Creo que se han empañado los espejos de la creatividad, de la independencia del alma. Finalmente de la independencia política que debiera tener este importante grupo que alimenta el alma de un país.

Creo debemos pensar en qué fomentar con el arte, marcar el rol social del artista desde un punto de vista positivo, dejar de estar "pegado" con ideas porque así piensa el montón, y por supuesto, fomentar mejores presupuestos y políticas culturales para nuestros artistas.

La cultura y las artes son motores de enseñanza, reflejos de la historia, invitaciones a mirar el futuro con optimismo. Fomentar el resentimiento no es el camino. Queremos ser conscientes, pero no a punta de segregación.



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