EL Observador

10:47 hrs. Lunes 31 de diciembre de 2012 Pbro. Ramón Tapia Rodríguez

¿Año nuevo?

Pbro. Ramón Tapia Rodríguez / Párroco Nuestra Señora de los Desamparados

Desde que soy niño nunca he entendido esta "fiesta" de año nuevo. Para mí sigue siendo algo absurdo. ¿Por qué? Porque me parece más un rito pagano para exorcizar el año, para desechar los males. Pero resulta que el año es una convención, no tiene consistencia en la realidad como dicen los filósofos.

San Agustín decía que los años no son buenos o malos sino que los seres humanos somos los buenos o los malos, los únicos responsables de nuestra conducta. El año es una ayuda para situarnos en el tiempo. Creer que el año será bueno o que el pasado fue malo es endosarle una responsabilidad que no tiene. Creo que el desearse un feliz año es un gesto de buscar una seguridad que no tenemos porque el año nuevo del 2010 nos deseamos un feliz año pero antes de los dos meses estábamos con un terremoto y maremoto gigantesco.

Hay algo de histeria colectiva en el celebrar desenfrenadamente, en sufrir porque voy a estar solo o trabajando. Es el miedo a la existencia que los sacerdotes, los pastores y los sicólogos captamos en el tú a tú con las personas. El paso del tiempo nos dice que somos mortales, que no tenemos seguridad en nosotros mismos.

En griego hay dos términos para significar tiempo: Kronos, que es el tiempo inexorable, el que segundo a segundo nos va envolviendo y Kairos que es el tiempo vivido como regalo de Dios y que nos hace mirar la vida con esperanza y paz. Como dice el Papa Benedicto XVI, sin Dios aparecen los viejos dioses paganos que mantienen al ser humano en el miedo, en la inseguridad. El Año Nuevo me parece un triste espectáculo efímero de pequeños pobres hombres que hemos olvidado lo esencial: la vida espiritual y -vacíos por dentro- buscamos un happy hour, un segundo de "felicidad" fabricada para hacer soportable la vida ("Me canso de ser hombre" decía Neruda).

Para los que creemos en el Señor la felicidad viene de sentirse amado por un Dios que ha bajado al suelo, ha nacido en el suelo para gritarnos que nos ama haciéndose igual en todo a nosotros, menos en el pecado. Ojalá vivamos el tiempo como un Kairos permanente para experimentar la felicidad.



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