EL Observador

11:53 hrs. Viernes 23 de noviembre de 2012 Dr. Alexander Neaman

El camino hacia la justicia social

Miles de personas están saliendo a las calles a exigir justicia social, seguros de que pueden alcanzarla. Sin embargo, es una meta difícil de lograr porque continuamente aparecen diferentes grupos que tienen sus propias ideas de justicia. Entonces, no se puede conseguir el objetivo sin equilibrar todas las contradicciones.

Algunas personas creen que se puede lograr la justicia dividiendo las cosas de forma igualitaria entre todos, pero en la realidad no es así. Miremos el ejemplo de una familia. En ella no hay igualdad, sino que cada uno recibe su parte según su necesidad. Está claro que la justicia social no puede ser alcanzada por la fuerza o a través de revoluciones y destrucciones. Probablemente, el mejor ejemplo de ello es Egipto. Luego de un cambio del gobierno en enero de 2011, la situación en el país sólo empeoró. Lo mismo pasó en Rusia después de la revolución de 1917.

La justicia social puede ser lograda sólo a través de la unificación y consideración mutua. Se puede explicar el principio de consideración mutua a través de la función de los órganos en el cuerpo. Si una de las partes no puede hacer su trabajo en relación a otras, el cuerpo se desequilibra y a esto se le llama "enfermedad". Asimismo podemos evaluar la sociedad humana, si está sana o no, de acuerdo a la cantidad que recibe y otorga cada cual y en qué medida la persona está en conexión con los demás.

En la leyenda del Rey Arturo, él se sentaba en la mesa redonda acompañado por sus caballeros. Ésta no tenía cabecera; en ella todos eran iguales entre sí. Los asuntos se discutían en un clima de debate, pero todas las opiniones eran respetadas. Del mismo modo, hoy en día no podremos resolver los conflictos sociales, a menos que pongamos los problemas de todos en mesas de diálogo, entre los gobiernos y los ciudadanos. El enfoque hacia la justicia social tiene que ser uno que considere a todos los sectores de la sociedad. Y todas las partes involucradas tienen que tomarse en cuenta también entre ellas.

Por supuesto, no todas las demandas pueden ser satisfechas a la vez. Pero si unimos fuerzas, vamos a ser capaces de decidir cuáles son los problemas más urgentes, y cuáles se abordarán más adelante. La globalización e interdependencia cada vez mayor han convertido a la humanidad en una gran familia. Es imposible lograr la justicia sin ver a todos como una familia. Las dificultades que se nos revelan son sólo síntomas de nuestro verdadero problema: la falta de solidaridad. Por lo tanto, se requiere resolverlos específicamente de esta forma, en mesas redondas. Así, gradualmente, construiremos una sociedad que será gobernada por la consideración mutua.



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