EL Observador

12:30 hrs. Lunes 30 de abril de 2012 Carolina Rodríguez Cobo

Sin miedo a decir lo que pensamos

En el desarrollo de mi labor periodística, cuando a los ciudadanos les corresponde presentar una denuncia o exponer un hecho, desgraciadamente me he encontrado con que hay muchas personas que tratan de evitar, por todos los medios, expresar las opiniones que puedan tener sobre determinados temas por temor o miedo al qué dirán, por las repercusiones que sus palabras puedan tener o simplemente por vergüenza.

Es un síntoma que siempre critico de las personas que en muchas ocasiones acuden a esta redacción a denunciar algo, porque si hay algo en lo que me siento con plena libertad y así lo expreso en mi diario vivir, es no tener miedo en decir y verbalizar lo que pienso y siento.

La palabra nos hace libres y a la vez, responsables. Tener el coraje de atrevernos a denunciar responsablemente es una conducta que debiéramos tener incorporada en estos tiempos, donde es más fácil cultivar la libertad de expresión, pero siempre dando la cara.

Por eso valoro tanto e insisto la importancia de no tener miedo a decir lo que pensamos o sentimos, pero siempre en un margen de respeto. Si bien hay veces en que nos volvemos viscerales ante un hecho particular, lo cual me ha pasado, debemos tener la capacidad de recapacitar o bien contar hasta diez cuando estamos exponiendo ante el otro nuestro problema para no exaltarnos y así no se desvirtúe nuestro mensaje y comuniquemos lo medular.

Sepan ustedes que no es necesario ser periodista para tener la valentía de interpelar al otro cuando sentimos que sus hechos nos afectan. Sólo hace falta tener la convicción de que nuestros pensamientos valen y que no necesitamos escudarnos en otros para hacernos escuchar.

Cuando una persona trata de evitar expresar sus opiniones o no hace lo que le gusta por miedo o temor a desagrados, lo único que consigue es sentirse mal consigo mismo. Si usted se identifica con este tipo de personas, c onsidere que puede expresar sus opiniones sin temor a no gustar a los demás. Esto es así porque, entre otros aspectos, cada persona debe tener confianza en sí misma y aceptarse tal como es: como un ser pensante y opinante.

Sólo así, sin temores de ninguna especie, cada uno podrá ejercer el poder que tiene, para generar los cambios que nuestra sociedad necesita.



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