EL Observador

17:28 hrs. Viernes 30 de marzo de 2012 Luis Espinoza O.

Vida saludable para alcanzar el desarrollo humano

Luis Espinoza O. / Académico Escuela de Educación Física - PUCV

Desarrollar el autoconcepto físico (ACF) en los niños y adolescentes pareciera ser la clave en la adquisición de un estilo de vida saludable.El ACF es una representación mental, comprensiva compleja y multidimensional que las personas tienen de su realidad corporal, la cual se elabora al integrarse la experiencia corpórea con las percepciones, los sentimientos y las emociones que la experiencia motriz produce.

Durante años este concepto y la autoestima han sido considerados indicadores del bienestar psicológico y mediadores de la conducta y se perciben como características deseables en la adolescencia porque favorecen la consecución de objetivos como el rendimiento académico, los logros sociales, las conductas saludables y la satisfacción con la vida.

La actividad física y deportiva sistemática es el más eficaz determinante de la salud: estudios evidencian que los jóvenes con baja autoestima realizan comportamientos de riesgo para su salud, mientras que aquellos con alta autoestima llevan a cabo conductas saludables.

Los sanos hábitos de alimentación junto con la actividad física deportiva forman parte de un conjunto de conductas indicadoras del bienestar personal, las que favorecen y protegen la salud de las personas, las cuales deben incorporarse en la forma de vida de la gente. Lo anterior implica un cambio de tipo cultural sólo posible de realizar a través de la aplicación de estrategias educativas de largo plazo.

La satisfacción consigo mismo, especialmente de los jóvenes y adolescentes, tiene correlato con el atractivo físico, con el sentirse bien, estar en forma y en buen estado de salud. Esto ocurre principalmente en la actualidad cuando los aspectos exógenos de la personalidad cobran notoria importancia. En consecuencia, como principio educativo, en las clases de educación física debiéramos tender a buscar estrategias formativas que propicien la mejora de los componentes psicológicos de la personalidad por cuanto favorecen bidireccionalmente el bienestar y el autoconcepto físico.

Recomendamos impulsar una pertinente estrategia educativa para el desarrollo de un estilo de vida saludable, la que pueda ser acogida en los colegios, universidades e instituciones del ámbito productivo y de los servicios. Sólo así, con un programa sistémico que permeabilice a la comunidad en su conjunto, podremos avanzar en el anhelo de una sociedad que equitativamente pueda aspirar a alcanzar mayores niveles de desarrollo humano.



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