EL Observador

11:28 hrs. Viernes 23 de marzo de 2012 Iván Garrido

La gran deuda de la salud en Chile

Los testigos del progreso del país, con sus miles de kilómetros en carreteras, edificios interminables, mejores instalaciones deportivas, vivimos en otro Chile, distinto al de la añorada serie los 80, distinto a la que vieron nuestros padres y abuelos; con una salud distinta también.

Sermena ahora es Fonasa, las incipientes clínicas privadas de ayer, hoy son verdaderos malls de la salud; ni hablar de boticas, ahora abundantes y modernos locales que entre otros venden remedios, planteándonos lo buen negocio que son y que al parecer no somos tan saludables como creemos...

Pero por qué nuestra salud está en deuda, si está a la vista su progreso: el plan AUGE con las patologías GES, han permitido focalizar y agilizar las atenciones de un grupo de enfermedades; la creación de más consultorios, ahora llamados Centros de Salud Familiar o CESFAM; SAPUS y SAMUS con énfasis directo en desatochar los servicios de urgencia de nuestros hospitales (una deuda perenne en salud, por el rápido crecimiento poblacional del país y de la esperanza de vida, lo que acarrea una mayor complejidad de atención). La respuesta es simple, porque los esfuerzos ni las buenas intenciones son suficientes si no están basadas en un convencimiento pleno de la eficacia de las mismas, sino se acompañan de educación continua a la población respecto a su autocuidado o al buen uso de los recursos disponibles y por cierto, sino entregamos las herramientas necesarias tanto técnicas, como de infraestructura o capacitación a los equipos de salud y a los pacientes beneficiarios del sistema. Porque en salud nada es gratis, los trabajadores generan una cotización mensual la cual es administrada para su atención; es cierto que por el encarecimiento de la salud algunos de ellos no cubren sus necesidades, pero un país solidario como el nuestro no debería tener un sistema que asegure al menos una salud de calidad a sus población.

Este descontento basado en la experiencia personal como profesional y usuario del sistema de salud, es refrendado en un estudio de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), que ya en el año 2000 nos plantea respecto a la equidad en la atención del adulto mayor, alarmantes realidades; por ejemplo que la gran mayoría de los adultos mayores están en el Sistema Público de salud, por tanto dependiente de la capacidad resolutiva y de atención del centro comunitario al que pertenece por su domicilio; sólo un pequeño porcentaje de ellos tienen acceso al sistema privado, por lo alto de las cotizaciones, observándose una particular paradoja; por lo general estos últimos ante un evento de urgencia acuden al sistema público de salud.

Finalmente los adultos mayores con menos recursos son los que tienen mayor oportunidad de declarar sus patologías, pero los que menos acceso tienen a resolverlas. Lo único alentador que determinó el estudio es que existe un porcentaje creciente de controles preventivos, lo cual es un paso adelante en los profundos cambios que esperamos.
Porque queremos ser parte de este país de modo pleno, disfrutar de los utópicos índices de crecimiento que nos catapultan ad portas del desarrollo; debemos desarrollar nuestra salud, con un acceso más equitativo, pero especialmente más eficaz.

Que nuestros adultos mayores sean atendidos por especialistas o profesionales con formación en esa área específica debería ser un mínimo exigible. Al año 2025 en Chile el 20% de la población será mayor de 60 años y al día de hoy exiguamente existe un centenar de especialistas en el país y no se avizora una mejoría o un plan para ello.
En tiempos en que los reality o alguna dolorosa tragedia captan nuestra atención, no debemos olvidar que la dignidad es inherente a las personas y los beneficiarios de la salud la merecemos. Basta de esperas interminables para un pobre diagnóstico o tratamiento, menos aún cuando tenemos enfrente un adulto mayor, que por su fragilidad y por sus años merece nuestro máximo respeto.

Es tiempo para empoderarse respetuosamente sobre los cambios que no están ocurriendo y que son necesarios para nuestra salud; por lo que no hicimos ayer, hoy y mañana es una oportunidad para corregir; pues tarde o temprano seremos un adulto mayor más que espera una atención de calidad, pero también de calidez.
Al finalizar, no olvidar que los buenos índices sanitarios que nos enorgullecen, pueden transformarse en un número sin sentido sino detenemos el flagelo invisible de la inequidad, que se profundiza peligrosamente no sólo en la salud, sino en la sociedad chilena.



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