EL Observador

8:10 hrs. Martes 21 de marzo de 2017 César Muñoz Rosales

Felicidad y políticas públicas: un vínculo irrenunciable

César Muñoz Rosales / Periodista

Ayer 20 de marzo se celebró el Día Internacional de la Felicidad, jornada que no pasó inadvertida para Quillota, que desde hace varios años viene utilizando este concepto en sus planteamientos. Seguramente los caminos para alcanzar la felicidad son tantos como los lectores que repasan estas líneas. Sin embargo, me gustaría hacer una distinción entre la búsqueda individual que cada cual puede perseguir a lo largo de su vida, con las condiciones de vida que se nos presentan para alcanzar dicha realización.

Nuestra postura filosófica, estados psicológicos, neurotransmisores, hasta elementos contextuales y sociales, forman parte de las variables que involucran la definición de felicidad. En lo personal, considero que nuestro bienestar es parte de una sumatoria de factores que se articulan en un entorno y la perspectiva que tengamos de él. Podemos cambiar nuestro entorno, aunque la perspectiva que tengamos de éste va a admitir una subjetividad mayor.

La institución de esta efeméride tiene por finalidad enfatizar la importancia de incluir este concepto en las políticas públicas, e inevitablemente nos invita a reflexionar cuánto se ha hecho en el país y comunas para impulsar el desarrollo individual y la búsqueda de esa realización. Si partimos de lo básico, las necesidades fisiológicas y de seguridad social, ya comenzamos a quedarnos cortos.

Poco y nada de tiempo para nosotros, sueldos bajos, servicios fundamentales (educación, salud, entre otros) con acceso desigual, pensiones precarias, y una lucha constante por alcanzar elementos que están dentro de los cimientos de nuestro bienestar, configuran un triste panorama para avanzar en esa búsqueda, que podría tener como resultado un mayor grado de felicidad.

El motivo de esta columna es una invitación a reflexionar cuánto están aportando las administraciones locales en garantizar las condiciones materiales de vida para contribuir en el desarrollo personal. Para algunos, el desapego o incluso la pobreza han sido partes de la búsqueda de la felicidad. Quiero pensar que para esas personas ha sido una opción, y no una condición insoslayable de vida, ese camino. Tal vez analizando la infelicidad de los que se quedan sin opciones por un sistema desigual, se pueda avanzar en entender realmente por qué existe tanta disconformidad.



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