EL Observador

8:14 hrs. Viernes 10 de marzo de 2017 Roberto Silva Bijit

¿Volvió a San Felipe la mano violenta del "Tucho Caldera"?

Susana apareció muerta y envuelta en bolsas en el Archivo Municipal de San Felipe. Estuvo siete días desaparecida y su hallazgo causó conmoción nacional.

¿Quién la dejó allí? ¿Llegó muerta al segundo piso del archivo o llegó caminando? No hay llaves forzadas en el archivo, por lo tanto, el caso debe vincularse a alguna de las siete personas (reparticiones municipales) que tienen llaves.

Lo que se sabe de Susana: que vivía en San Esteban, que su cuerpo estaba entero (no descuartizado) que no habría sido violada, que era diabética dependiente de insulina. Y un dato clave: participaba con grupos defensores de los animales.

¿Por qué un dato clave? Porque el alcalde de San Felipe explicó que le habían dado una llave del Archivo a grupos de animalistas de la ciudad. También dijo que dejaron las mismas chapas de la administración Amar y que por lo tanto, no se cambiaron las llaves.

La pista podría estar por el lado de los animalistas. Uno de ellos la invita al Archivo, arriba y en ese segundo piso pudieron haber pasado dos cosas. Crimen: la fuerzan a algo que ella no quería, ella se defiende y él o ella la mata. No crimen: ella sufre un coma diabético y muere ante alguien que se desespera y la envuelve en bolsas, le tapa la boca con scotch y la deja allí, abandonada, arrancando de su mala suerte y asustado por algo que no sabemos, hasta que la autopsia lo revele, si es que lo revela.

A pocos metros desde donde dejaron el cuerpo de Susana, asesinaron hace 70 años al comerciante árabe Demetrio Amar. Susana en Prat 242 y Demetrio en Prat 226, donde hoy está el edificio Prat.
¿Qué tiene esa cuadra de la ciudad que atrae extrañas muertes a sus territorios?

Las siete décadas que han pasado desde la muerte del llamado crimen del ?turco? Amar, ocurrido el 11 de mayo de 1947, no se sienten en San Felipe, que tiene entre sus leyendas verdaderas la violencia brutal del "Tucho" Caldera, criminal que cuando fue fusilado gritó "aquí van a ver morir a un valiente".

Un tarde de otoño, Alberto Caldera, aprovechándose de su amistad, le hizo firmar dos documentos a Demetrio Amar Abedrapo. En uno, Amar le daba todo el poder sobre sus bienes y en el otro aceptaba casarse con la hija adoptiva de Caldera. Maliciosamente, el notario de la época legalizó los dos papeles, aunque Amar no sabía leer ni escribir en castellano, ni tampoco conocía a la joven María Elsa de 24 años con la que había contraído matrimonio en su ausencia. Amar tenía entonces 67 años, era soltero y solo tenía hermanos y sobrinos en la ciudad. Ella era una muchacha alta de pelo suelto, que viajó a Santiago y escuchó los disparos en la Penitenciaría, donde fusilaron a su padre en octubre de 1950, sin poder entender cómo la ambición lo llevó a recibir ese disparo final en el corazón.

Cuando Amar supo que estaba casado, fue a enfrentar al "Tucho" Caldera. Lo encontró en la plaza, lanzando monedas a la fuente de agua. Discutieron. Amar prefirió que la discusión siguiera al interior de su negocio, donde vendía géneros, zapatos y sombreros. Entraron juntos, pero adentro el "Tucho" lo mató de certero martillazo en la cabeza. Una vez muerto, utilizando sus conocimientos de carnicero, puesto que ese era el negocio que tenía, lo descuartizó en 19 pedazos, que guardó en bolsas y que sacó del local en maletas. Repartió el cuerpo en diferentes partes. Al día siguiente hizo aseo en el negocio y lo abrió, porque era el nuevo dueño, ya que Amar, según dijo, se había ido a Santiago, para probablemente después viajar a su Palestina y nunca más volver.

Funcionarios de Investigaciones comenzaron la búsqueda. El primero que cayó fue el notario, gracias a la inteligencia de René Vergara, considerado el mejor policía de Chile, asesor del FBI y creador, en esos años del crimen -en 1949- de la Brigada de Homicidios de la PDI. Lo demás fue hacer confesar al "Tucho", que según cuentan fue usando el método de sumergir su cabeza en agua durante el máximo de tiempo posible..., pero durante todo un largo día, hasta que el asesino terminó confesando.

Susana Aravena y Demetrio Amar aparecen muertos en la misma cuadra de calle Prat, con una diferencia de 70 años, pero con el mismo revuelo nacional y la misma dificultad para encontrar al posible asesino.



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