EL Observador

15:36 hrs. Martes 06 de diciembre de 2011 Tania Cabezas Izuck

Llegar como gorrión y partir como un águila...

No me gustan las despedidas, pero ésta es una muy particular. En el mes de mayo ingresé a la empresa periodística "El Observador" y usted podrá preguntarse, ¿y qué es lo novedoso? Bueno, me atrevería a decir que lo novedoso es que durante estos siete meses he sido parte de un gran equipo de trabajo, y no sólo periodístico, sino respecto de todo lo que significa una empresa periodística y un equipo humano. Un grupo de personas que a pesar de los altos y bajos rema hacia un mismo objetivo, con voluntad de llevar hasta sus hogares noticias que le importan a usted, que pasan en su barrio, al vecino, al comerciante, al negocio donde día a día va a comprar, entre otros infinidades de temas.

Esta es mi primera experiencia laboral en medios de comunicación, después de hacer la práctica a los 24 años de edad y me atrevo decir que es la mejor escuela que alguien puede tener, agradeciendo de corazón a todos quienes han hecho posible este crecimiento laboral.

Todo en esta vida es para aprender, inclusive los trabajos, sobretodo en una profesión donde la competencia es dura y se necesitan reales garras para salir adelante. Sin embargo, a pesar de esa competencia, el equipo que existe al interior de la empresa periodística "El Observador", me atrevería decir, que es inigualable. Como lector puede tener su opinión respecto al diario, pero permítame decir que ningún diario de la zona se atreve a golpear la puerta de su casa y llevar la historia de su amigo, de su hija, de su mamá, de su abuelito, abuelita o de cualquier ser querido, como este diario sí lo hace.

Espero que siga creciendo como hasta ahora, porque sin duda que así como cumplió 41 años, cumplirá muchos más y seguirá recibiendo generaciones, personalidades y experiencias de vida como las ha ido forjando hasta ahora.

A veces durante nuestra carrera nos topamos como periodistas con cosas muy desagradables, sin embargo, existen también cosas muy enriquecedoras, como ese viejito que me abrazó en la calle y me dio las gracias, como la angustiada persona que pide ayuda para sacar adelante un proyecto o hacer una denuncia a través del diario para ser escuchada, ya que de otra manera no es atendida, entre otras miles de satisfacciones que me llevaré hasta el norte de nuestro país.

Hoy siento una gran pena por dejar a este equipo humano y esta ciudad, pero me llevo un bolsito cargado de experiencia y aprendizaje y agradecida de contar con personas como mi equipo de trabajo y como ustedes, nuestros lectores, que día a día hacen que nuestra vida sea mejor de lo que fue ayer. Gracias.



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