EL Observador

8:16 hrs. Martes 23 de agosto de 2016 Alfredo Echeverría Mesías

Ley de Inclusión Escolar: ¿Remedio a la deserción escolar?

Alfredo Echeverría Mesías / Profesor de Historia, Magister en Liderazgo y Gestión Educativa

Este año entró en vigencia la llamada Ley de Inclusión Escolar, siendo considerada un proyecto emblemático del gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet, que apunta a eliminar el lucro, el copago y la selección de alumnos en los establecimientos educacionales que reciben recursos del Estado.

Su implementación ha significado para las comunidades escolares el mejoramiento de sus procesos de gestión pedagógica y convivencia escolar, a través de la adecuación de sus reglamentos internos y protocolos, en coherencia con los nuevos enfoques educativos que promueven la participación y la no discriminación en las prácticas escolares.

El tema de la selección de alumnos en los procesos de admisión, y por otro, el tema de la expulsión han sido parte importante del problema de la deserción escolar, que para muchos expertos lejos de tener solución sigue siendo una piedra de tope para el sistema escolar.

Alguna cifras entregadas por el Injuv en su encuesta anual de juventud 2015, arrojó que el 58,3% de la juventud chilena alcanza el nivel educacional correspondiente a la enseñanza media, ya sea porque cursan actualmente este nivel, o porque es el último que han aprobado, y un 6,4% declara haber terminado de estudiar el nivel de enseñanza básica. Estas cifras ponen de manifiesto una deuda pendiente con nuestros jóvenes, cuyas herramientas para ingresar al mundo laboral de manera exitosa son escasas y auguran un difícil futuro.

En el caso de la deserción escolar en nuestro país, la mayoría de los jóvenes posee una trayectoria escolar caracterizada por repeticiones de curso, mal rendimiento académico, mal comportamiento, ausencias frecuentes a clases y sucesivos cambios de escuela. En estas situaciones se ha constatado una débil capacidad de las familias y de los propios establecimientos para enfrentar las dificultades. Como se ha observado en el caso de muchos de los desertores, la respuesta de la institución escolar suele ser la expulsión o la negación de matrícula al alumnado considerado de difícil enseñanza.

En este contexto la nueva Ley de Inclusión Escolar viene a regular una realidad que ha predominado en nuestro segregado sistema escolar, la selección de alumnos, la expulsión sin debido proceso, la discriminación por condición socioeconómica, religión, rendimiento, etc. Hoy día la superintendencia de educación fiscaliza el uso adecuado de los recursos recibidos por el Estado, velando para que sean invertidos en apoyo directo a los estudiantes con mayores dificultades conductuales y aprendizaje, capacitación a docentes, horas para talleres de reforzamiento, desarrollo de planes de apoyo individual, contratación de equipos multidisciplinarios, procesos transparentes de admisión a alumnos nuevos, resguardando en conjunto con Mineduc que esta nueva normativa no quede sólo en el papel y tenga un impacto en las prácticas al interior de los establecimientos educacionales, evitando el abandono de sus estudiantes. La tarea es difícil, pero vamos bien encaminados en un cambio que mostrará sus frutos en la próxima década.



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