EL Observador

13:25 hrs. Viernes 24 de junio de 2016 Claudia Cortez Osses

Y usted, ¿de quién es hija/o?

A solo días de haberse celebrado el Día del Padre, quiero destacar a aquellos hombres que se esfuerzan día a día por sacar a sus hijos y familias adelante; también a esas mujeres que han debido enfrentar ambos roles; a esos hombres que criaron como propios a los hijos de sus parejas; a esos abuelos que han criado a sus nietos como hijos. Pero no voy a hablar de ellos, voy a hablar de los ausentes, de los que se pasan en los juzgados pidiendo rebaja en la pensión alimenticia. Quiero hablar de las consecuencias legales y de representación personal e individual frente a la incapacidad paternal.

Y es que el personaje de "Morandé con Compañía", llamada La Polillita, no es la única niña en Chile que espera a su progenitor, quien dijo que iría a comprar cigarros y nunca más volvió, (no utilizo el nombre padre, porque ese apelativo es para otro tipo de hombres).

La Polillita cuenta con ternura una experiencia que para muchos tiene ribetes de amargura, tristeza, y para otros simplemente no tiene ningún ribete; porque cuando a un sujeto le queda grande la paternidad, ya sea por inmadurez, irresponsabilidad u otra razón, el universo siempre compensa con una madre luchadora, unos abuelos incomparables o un padrastro ejemplar.

Pero si bien con los años una persona que no se ha criado con su progenitor puede desprenderse de todo tipo de sentimientos al respecto, hay algo de lo que no se puede despojar tan fácilmente: el orden de sus apellidos.

Frecuentemente suele preguntarse, usted, ¿de quién es hija/o?, como para establecer lazos sanguíneos y sacar conclusiones, porque como dicen "De tal palo, tal astilla", o "Hija/o de tigre siempre sale rayada/o". Mala forma si usted quiere obtener buena aceptación y peor aún si piensa que tendrá que vivir una vida completa con un apellido que no desea ni debe llevar.

Lo anterior, porque la justicia chilena permite cambiarse el apellido solo en algunas situaciones excepcionales: si es ridículo, risible, si provoca menoscabo moral o material a la persona; si durante cinco años ha usado uno distinto, por motivos atendibles, o agregar uno que no fue considerado en la partida de nacimiento.

Sin duda, al momento de inscribir a un hijo en el Registro Civil, la madre parte con una desventaja, pues la ley no permite elegir el orden de los apellidos, obligando a poner primero el paterno y luego el materno. Se trata de una imposición, resabio del antiguo machismo que imperaba siglos atrás -y que sigue imperando en la mente de algunos- y a pesar de que desde el 2015 un proyecto en el parlamento que pretende modificarlo permanece estancado.

Se trata de una deuda histórica-social en donde Chile tiene un preocupante récord, pues en el año 2012, el 69, 73% de los hijos nacieron fuera del matrimonio. Y si usted piensa que esto habla más del desvanecimiento de los contratos maritales, le cuento que la Encuesta Bicentenario UC-Adimark 2014, reveló que un 60% de las madres encuestadas evaluaron negativamente al padre de sus hijos cuando éste nunca vivió con ellos.

Es por eso que es necesario, digno y justo que se legisle la opción de poder elegir el orden de los apellidos, entre otras razones, como un reconocimiento a muchas madres que han debido suplir ambos roles o como forma de homenajear a quien se ha hecho responsable y cargo de la crianza.



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