EL Observador

9:06 hrs. Viernes 13 de mayo de 2016 Cristián Vila Riquelme

La grandeza de la provincia

Cristián Vila Riquelme / Escritor y Doctor en Filosofía de La Sorbona

Nos enteramos, a veces, cómo la provincia se hace presente, en un país tan paradójica y desmesuradamente centralista como el nuestro. El hecho de que ya existan algunos medios (como este) que se definen orgullosamente como algo provincial, es esperanzador, claro. Los tenemos en todas partes, desde Punta Arenas a Arica, como diría algún locutor prehistórico de los cuales, claro está, nos acordamos siempre, y dan cuenta de esa cotidianeidad imposible de entrever, siquiera, por la metrópoli.

El ¿qué somos? ¿de dónde venimos?, son algo obvio para cualquier habitante de la provincia que se precie de tal. El ¿adónde vamos?, tiene importancia, por supuesto, pero no es el meollo del asunto, por cuanto no hemos definido aún ninguna de las dos preguntas anteriores. ¿Somos siquiera una pregunta, por no ir más allá, para los manipuladores de la unidad nacional? ¿Somos apenas una realidad fácilmente incitadora al compendio nacional de lo que somos? ¿Una promesa? (¿de qué o para qué?, por cierto). En este país, como en otros países latinoamericanos, el problema de la unidad nacional va unido al problema de la identidad nacional. Problema, por seguro, nada fácil. ¿Tiene algo que ver la identidad con la unidad nacional y viceversa? Es algo complicado. La identidad tendría que ver con el Ser de la nación y la unidad con una cuestión política, de fuerza (valga la redundancia). Alguien puede decir que ambas son la misma cosa, otros, que ninguna de las dos pueden colocarse en el mismo lugar de la proposición. No vamos a discutir de eso aquí, porque rebasa cualquier límite y cualquier pretensión. Sólo diremos que Chile (por eso estos comentarios)es un país horrorosamente centralista. Como dice el poeta Arturo Volantines de La Serena, esa es la real y más espantosa dictadura a la que tenemos que hacerle frente.

Entonces, en Quillota, tenemos gente como Mercado o Boldrini o Valdivieso, que reivindican esa herencia y esa proyección. Uno desde Quillota, el otro desde la provincia entera, el otro desde el Horcón, todos desde la pertenencia que da la nostalgia. Todos ellos reflexionan a partir de su entorno, no tan estrecho como querrían algunos, porque la provincia y los lugares situados en la península de lo menor tienen más identidad que la grandeza de las naciones. Estas últimas existen por una voluntad de designación y de poderío. Las otras no buscan poderío y menos designación. Ellas existen porque hay una necesidad de intercambio y de comunidad, más allá o más acá del Ser nación con el cual se llenan la boca los estafadores y los prestidigitadores que ya conocemos. La provincia es una realidad, la Nación es una imposición de los mandamases de siempre que sólo creen en su propia ganancia. Chile será una república federal o no será, como lo querían Ramón Freire, José Manuel Infante, Francisco Bilbao, José Miguel Carrera Fontecilla, Pedro Pablo Muñoz, Pedro León Gallo o el pedagogo anarquista José Luis Nolasco Arratia.

No es menor tener en este bando a esos personajes.



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