EL Observador

8:13 hrs. Viernes 15 de abril de 2016 Regina Brito Jeria

¿Qué garantías hay para que nunca más tengamos un derrame de concentrado de cobre?

El derrame de concentrado de cobre de Codelco que ocurrió a fines de febrero en el río Blanco, afluente del Aconcagua -verdadera columna vertebral del agua de nuestra región- fue tan grave que aún no dimensionamos todo su daño. Aquella mañana se anunció que la rotura de un ducto de la faena minera se había roto de manera inexplicable, puesto que todos los mantenimientos de rigor estaban "ok". Sin embargo, el desastre ocurrió y era cuestión de 15 o 20 horas para que el concentrado llegara al valle de Quillota. Codelco activó un plan de emergencia, cerró compuertas y Esval, que también extrae agua allí para surtir de agua potable, debió hacer lo suyo y recurrir a estanques de reserva. Sin embargo esta pronto se acabó y debieron cortar el agua a más de 6 mil personas de Calle Larga y Los Andes. Personas, ganadería y agricultura, todos afectados. Codelco aplicó decantadores para que el mineral "bajara", pero resulta que el acuífero es el mismo para todos. ¿Cómo nos incide ahora que las napas subterráneas queden contaminadas para más adelante?, ¿dónde va a dar ese concentrado?, ¿estamos afectando a las generaciones futuras?

Las universidades hicieron estudios y hoy el río presenta niveles "normales" de contaminación. La Municipalidad de Los Andes se reunió con todas las empresas, organizaciones sociales y vecinales relacionadas y decidió tomar acciones judiciales para determinar responsabilidades, pues asegura que Codelco reparó únicamente 15 metros de ductos rotos, ¡sin revestirlo completamente! Además, se busca establecer si hay daño ambiental permanente puesto que antaño el río gozaba de truchas y especies que hoy ya no existen. Hasta Esval debió hacer mantenimientos extra en su infraestructura, donde también fue a dar el mineral, para garantizar fuertemente la seguridad del agua potable. Todos, todos nos vimos perjudicados.

Es imperativo que el tema puntual se solucione, no obstante, también lo son las garantías que se nos den de aquí en adelante. De más está establecer la importancia del cada vez más escaso recurso hídrico, para qué hablar de la salud de las personas y de la agricultura, actividad económica de gran relevancia en la región y, sobre todo, agricultores que han sufrido interminables golpes climáticos y monetarios, que deben ser protegidos.

Queremos garantías por parte de una empresa que hasta hace poco iba a expandir su faena casi al doble (Andina 244), de que no están dañando el medio ambiente, de que están tomando todas las medidas necesarias y, sobre todo, de que nunca más ocurrirá esta verdadera tragedia.



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