EL Observador

18:44 hrs. Miércoles 23 de diciembre de 2015 Omar Valdivieso Véliz

Simplemente Cau-Cau

Un 10 de agosto de 1948 en río Pescado, comuna de Puerto Varas, lo encontraron vagando. El parte policial diría que "los vecinos denunciaron que algo extraño merodeaba las casas". Los Carabineros no podían identificar la figura que se presentaba ante sus ojos, era un engendro mitad humano y mitad animal, pues andaba en cuatro patas, emitía ruidos guturales y estaba cubierto de pelos. Había sido cercado en los confines del bosque y debieron utilizar toda su gama de recursos, pues el ente se les escapaba como si fuera inteligente.

Al lograr su captura descubrieron con admiración que se trataba de un niño de entre 10 y doce años, que no podía hablar ni mantenerse de pie. "Estamos en presencia de un chupacabras" pensaban dentro de su ignorancia; "de un Rómulo o Remo, o un Mogli", decía otro, pero un oficial más preparado aducía que el asunto le recordaba el caso de Gaspar Hauser.

La trama estalló con ribetes de escándalo, se le llamó el Tarzán chileno y se tejieron una serie de teorías sobre el extraño espécimen. Se decía que había sido criado por lobos o pumas en el mejor de los casos, los vecinos de los linderos del bosque se quejaban que alguien les comía sus huevos, que entraba a los corrales y los sacaba limpiamente sin que la gallinas causaran ningún barullo, se metía los potreros y se tomaba la leche al pie de las vacas. Esos actos semihumanos tenían intrigados a los pobres labriegos, que achacaban el robo a un ser de los avernos.

La historia posterior se entrelaza con su recuperación, fue adoptado por gente que lo educó, una pedagoga le enseñó a leer y a escribir, y se le enseñó a caminar erecto. La leyenda negra diría que fue abandonado en las selvas del sur por la familia que no lo podía mantener debido a sus deficiencias físicas y mentales, y que aullaba como un lobo cuando se le mantenía atado a un árbol.

Pero nosotros, que lo conocimos, nos quedamos con su mágica presencia, con su candor de niño, con su carisma que ya es leyenda, nos quedamos con el mito, con el personaje que en el eterno mar de Horcón nos maravillara con sus piruetas y con la seguridad de que, debido a él, la playa Cau Cau lleva ese nombre.

Se escribieron libros sobre su historia, que es un poco nuestra historia, de un personaje que nos deleitó con su sonrisa y su sana alegría, y ese ser indefenso, que venció a los pumas, las alimañas, el hambre, la noche, el frío, la selva, la lluvia, los vientos ¿es el salvaje? ¿O los salvajes seremos nosotros?



Portadas El Observador


 
 

Casa Matriz
La Concepción 277. Casilla 1 - D.
Quillota, V Región, Chile.