EL Observador

16:51 hrs. Jueves 19 de junio de 2014 Farid Chalhub Namur

Y usted, ¿a qué le teme?

El miedo o temor es una perturbación que produce angustia y su causa puede ser un peligro real o imaginario y no solo un terremoto o un incendio, aunque no tenga las características horrorosas de lo ocurrido en Valparaíso. El miedo trastorna el juicio, altera los sentidos y nos hace ver las cosas como no son realmente. Pero esta sensación es natural, incluso en el valiente, solo que este ha logrado manejarlo y vencerlo. No me refiero a los fanfarrones que son valientes rara vez, porque los valientes de verdad, rara vez son fanfarrones.

¿A que debemos temer? Veamos.

Creo que a la inmovilidad social, porque el cambio es lo único permanente. Temamos a la mantención de un sistema poco solidario, injusto y excluyente, de lo contrario sufriremos las consecuencias más temprano que tarde. Rechacemos el argumento majadero de cierta elite chilena que confunde privilegios con talento. No todos los talentosos tienen la oportunidad de acceder a una educación de calidad, indispensable para la superación personal, familiar y de toda la sociedad. También sintamos miedo de algunas conductas "humanas", como nos tratamos, como conducimos un vehículo, parecemos salvajes, estamos perdiendo la capacidad de disfrutar, nada nos complace. Temamos también a la irresponsabilidad social y asumamos que cada uno debe preocuparse de muchos aspectos sin exigir a otros que lo hagan por nosotros. Dejemos de resaltar lo negativo, cuando hay tantos temas positivos. Por ejemplo, durante el incendio de los cerros porteños, se dio más cobertura al ladrón que al que prestó ayuda y solidaridad. El negativismo tiende a invadirnos, parece que renegar de todo lo logrado en los últimos años es socio-políticamente rentable. Así nos miramos nosotros mismos como una sociedad fracasada. Analicemos lo que ocurre con la reforma tributaria, se habla mucho de los potenciales perjudicados, pero no de los eventuales beneficiados, a eso hay que temer.

Tengamos temor de los fanáticos, sean religiosos, deportivos, políticos, y también a esos que nos saturan con temas muy personales, pretendiendo convertir su cateteo en debate nacional.
¿Fundamentalistas?, puede ser. Revisemos la historia y conozcamos las tragedias que ese fanatismo ha causado. Qué aburrido debe ser tener siempre la razón, creyéndose dueño de la verdad. A ellos temo.

Me causan temor los políticos que cobran millones para hacer la pega pero no la hacen y son propagandistas de sí mismos. Les pagamos para usar la inteligencia, escasa a veces, y confrontar sus ideas frente a otras que incluso, pueden ser mejores, pero...también debemos tener miedo de los adoradores del mercado, regulador según ellos de todo. Razonamiento cruel y carente de sentido social. Nos dicen "es así la cosa no más", como si los números fueran más importantes que las personas.

La lista puede ser interminable, agreguemos el miedo a las enfermedades invalidantes, a los delincuentes, a la inseguridad en las calles e incluso dentro de los hogares. En el plano local, a ser atropellados en la esquina de La Concepción y Carrera, donde por lo menos, se requiere un semáforo y que no se me olvide algo que a mí me aterra: un ratón dentro de la casa.



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