EL Observador

17:04 hrs. Viernes 14 de marzo de 2014 Javier Crasemann

Ley de Riego o Ley de Fomento a la Sequía

Javier Crasemann / Presidente Junta de Vigilancia- Primera Sección del Río Aconcagua

Chile era, hasta hace poco, el único país, donde la administración de las aguas estaba en manos privadas. Porque el origen de nuestros canales es prehispánico o construidos por privados. Son prácticamente inexistentes los canales nacidos por iniciativa estatal. De esta forma, toda la responsabilidad del reparto del agua cae en las organizaciones de usuarios de aguas (OUAS). Éstas han sido, extremadamente, eficientes en su administración por siglos, incluso desde antes del Decreto Ley Nº 160 del 18 de Diciembre de 1924, que les dio forma legal, cuyo amparo se formalizaron la mayoría de las OUAS de nuestra región.

Dado los bajos presupuestos para manejar los canales en Chile, durante cien años ningún gobierno se involucró en su administración, prefiriendo traspasar recursos para ser invertidos en el mejoramiento de los canales y bocatomas.

Una de las últimas versiones de traspaso de recursos, para ser invertidos en obras de riego, es la Ley 18.450, comúnmente conocida como Ley de Riego, promulgada el 22 de Octubre de 1985 y publicada el 30 del mismo mes y año. Ésta ha sufrido varias modificaciones, pero mantiene su espíritu original: fomentar el riego, siendo sinónimo de desarrollo, empleo, entre otros; por lo que en su nacimiento consideró prioritario la incorporación de nuevas superficies.

El tiempo ha pasado y ahora los fondos son concursables, lo que es justo, pero sigue siendo prioridad aumentar la superficie de riego. El puntaje obtenido por una hectárea "Nueva de Riego", es el doble que las hectáreas históricas, que quieren mejorar su seguridad o eficiencia.

Sin embargo, actualmente es impresentable que, con cuatro años de sequía en la Quinta Región, se hayan entregado 5 mil 600 millones de pesos, pero priorizando las plantaciones en nuevas tierras y, con ello, postergando la inversión en seguridad y eficiencia.

Por ello, la Ley de Fomento al Riego debe adaptarse a los cambios climáticos que el país está viviendo y modificar sus prioridades, o habrá que rebautizarla como Ley de Fomento a la Sequía.



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