EL Observador

15:04 hrs. Viernes 11 de octubre de 2013 Agustín González Valenzuela

El valor de un diario hecho de papel

Agustín González Valenzuela / Académico Departamento de Electrónica Universidad Federico Santa María

Nosotros estamos muy contentos de celebrar que hace 43 años nuestros lectores nos leen, que cada martes y cada viernes, siguiendo casi una ceremonia, toman "El Observador" entre sus manos y revisan la portada, el titular principal, la foto del medio, los recuadros superiores, los títulos laterales de la izquierda, para luego comenzar a dar vuelta las hojas y recorrer un largo viaje que va desde los cerros al mar, pasando por muchas ciudades de nuestra región.

Los viajeros-lectores de un diario tienen rutas de navegación y conocen perfectamente los puertos donde se detienen. Saben en qué lugar está lo que más les interesa y, a veces, son sorprendidos por un titular, una foto o un aviso, que los invita a leer. Los titulares son los que llaman a los lectores.

Los diarios son papel y tinta, pero son también, y muy especialmente, letras, muchas letras, grandes para significar que algo es más importante que lo que va en letra más pequeña. Nosotros tenemos una inmensa máquina, de 30 metros de largo y dos pisos de alto, donde fabricamos ese objeto de papel. La noche siempre apura a nuestra rotativa, que es capaz de lanzar tres diarios por segundo.

El diario es un objeto de papel. Se compra y se lleva a casa, pero una vez adentro, comienza a hablar, a contar sobre nuestras ciudades, sobre nuestros progresos, nuestros problemas y soluciones, sobre la delincuencia, sobre el deporte, la política, sobre lo que le pasa a la gente, y va contando historias, haciendo entrevistas, mostrando fotos de personas que conocemos.

Son 43 años construyendo comunidad, formando opinión pública, para que podamos vivir en mejores lugares, acompañados por los vecinos, interesados en los temas públicos, queriendo nuestras ciudades y estando convencidos que entre todos, las podemos hacer mejores.

La Empresa Periodística "El Observador" enfrenta el siglo XXI con sus mejores herramientas tecnológicas, para poder seguir creciendo y sirviendo a sus lectores y avisadores.

Si bien el mundo digital ha crecido y nos ha llevado a la creación y mantención de un sitio donde tenemos alojado nuestro diario digital, no por eso ha disminuido la importancia del diario de papel, que sigue consolidándose en el tiempo como la mejor manera de entender lo que se lee, de comprender y explicarse la realidad.

Hoy en día hay muchos estudios que comprueban que leer en papel permite una mejor comprensión que si lo hiciéramos en la pantalla.

Es decir, la naciente disputa entre el papel y la pantalla, pareciera que corre por caminos separados. La pantalla, dicen los expertos, es muy buena para datos cortos y precisos, pero no puede competir con el papel, que permite una mejor comprensión de lo que se lee.

Lo que pasa es que para leer un PDF hay que ir moviendo el texto con un cursor, lo cual dificulta el proceso de lectura, imponiendo una inestabilidad espacial que puede afectar negativamente la representación mental del texto, con lo cual, se afecta su comprensión.

Cuando uno tiene un diario en la mano, ve completamente la información disponible, el número de páginas y puede medir su contenido de principio a fin, devolverse o avanzar, además de poder guardar para siempre el texto. Con mis ojos vi el recorte de un aviso económico del diario "La Aurora de Chile", de hace 200 años, en el que Bernardo O´Higgins ponía en venta su piano.

La pantalla es fragmentaria y no permite como en el papel, tener un mapa mental de todo el texto. Eso dificulta la comprensión y el recuerdo de lo leído.

En diversos estudios recientes, especialistas han ratificado la mejor comprensión que se tiene de un texto leído en papel que en una pantalla. La directora de la Escuela de Educación de la Universidad Alberto Hurtado, Lilia Concha, asegura que "la lectura es mucho más que decodificar. Es un proceso global, por eso la lectura en pantalla disminuye la comprensión del texto en comparación con un impreso, ya que las personas no leen por fragmentos y, por eso, es bueno mirar el texto completo".

Ratifica esta situación la directora del Centro de Estudios de Políticas y Prácticas de la Educación, Lorena Medina, quien explica que las personas entienden mejor lo que leen en papel "porque al leer en PDF hay una mayor demanda cognitiva, ya que la representación global del texto se va construyendo a medida que uno lo mueve en la pantalla".

Las investigaciones sobre el uso de la pantalla nos van dando pistas sobre los problemas que nos acarrean las nuevas tecnologías, que por una parte son tan beneficiosas, pero que también pueden constituirse en una dificultad.

La lectura de los diarios tiene un encanto especial porque nosotros fijamos el tiempo y el lugar en que queremos leerlo. No se trata como la radio o la televisión, que fijan horarios para que la escuchemos y la veamos pasar rápido por nuestros oídos o ante nuestros ojos. En el caso de los diarios, se trata de un objeto puesto a su disposición, para ser leído y releído si es necesario, hasta entender un texto o un mensaje.

Los diarios seguirán viviendo mucho tiempo, gozando de la confiabilidad que se hayan ganado. Y los diarios locales, tendrán todavía una más larga vida, porque cuentan lo que nadie dice, pero que le importa a muchos, cuenta lo que pasa a la vuelta de nuestra esquina, en medio de un mundo globalizado donde hay millones de informaciones que no nos interesan, que nos son ajenas y lejanas.

Gracias por dejarnos liderar las comunicaciones en nuestra zona, por escuchar nuestras radios, por leer nuestros diarios, por seguir compartiendo después de cuatro décadas.

Celebremos juntos y con alegría el cumpleaños 43 de nosotros imprimiendo y ustedes leyendo.

Gracias y sigamos juntos.



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