Romántica, necesaria, insuficiente o excesiva. Lo cierto es que independiente del adjetivo, la lluvia siempre es tema de conversación. Uno podría pensar que esto se debe a nuestro clima en particular que se caracteriza por tener ocho o nueve meses carentes de precipitación. Sin embargo, pareciera ser que la lluvia es tema en todas partes.
A lo menos, así me pareció al visitar y conocer otras geografías en donde la lluvia es cosa frecuente, de cada día incluso. Quizá esta tenga aún algo de mágica y misteriosa. Después de todo, por milenios el agua caída del cielo, así como el fuego y la tierra, fueron fuente de inspiración de poetas y elementos necesarios para magos y curanderos.
Pero que se hable de algo no significa que se sepa de ello. La sabiduría popular tiene a veces mucho de verdad, pero otras tantas contiene mitos.
Por ejemplo, “Abril lluvias mil” nunca ha sido un refrán válido para nuestra zona. Eventualmente fue traído desde algún lugar de Europa o quizá sea válido para la zona sur o austral del país. Sí está claro que nuestra región nunca ha tenido abriles particularmente lluviosos.
Otro mito: “No estamos preparados para la lluvia, basta que llueva un poco para que quede la escoba”. Más que mito esto es una exageración. Es cierto que nuestras ciudades no reciben habitualmente mucha lluvia y que pueden pasar meses o años para ver un aguacero ‘en serio’.
Sin embargo, esto no tiene en consideración que nuestro régimen pluviométrico es torrencial: pocas lluvias y mucha agua de una vez. El año 2002, por ejemplo, nuestras ciudades de la Provincia de Quillota recibieron estoicamente 175 mm ¡en 24 horas! Para que se haga una idea, eso corresponde a la mitad de lo que debería precipitar en todo un año. Le aseguro que si esa misma lluvia se arroja sobre Nueva York, los gringos habrían tenido más de un problema.
Interesante es también el tema de las marcas pluviométricas en nuestra zona. Para eso es revelador echar un vistazo a las estadísticas.
Imagine lo siguiente: mes de febrero, usted disfruta de sus vacaciones en la costa y repentinamente se larga a llover intensamente por varias horas. No cabe duda que algo así sería comentario obligado por semanas y no faltarían quienes explicarían que el fenómeno se debió al “cambio climático” o a quizás que otra cosa. Bueno, resulta que eso es exactamente lo que ocurrió en 1945. En febrero de aquel año precipitaron sobre Quillota ¡128 mm!
Otros datos de interés: en 1914 cayeron sobre Valparaíso 1247 mm y en 1923 sólo 61; o en junio de 1926, cuando los quillotanos resistieron 539 mm en apenas un mes. Ante tales datos sólo nos queda no olvidar nunca que si pasó una vez, puede pasar nuevamente.
Publico el: 09/07/2010 22:35
Hablemos de lluvia







