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Publico el: 02/03/2010 14:48
El instante que no olvidaremos nunca

Por: Leonardo A. Riquelme Corvalán

Editor General

Diario El Observador

Desde el sábado 27 que cada vez que comienza a oscurecer el miedo me aprisiona. A la edad que tengo eso no debería pasarme, no según el canon, pero lo real es que desde ese día mi cabeza asocia la noche al terrible momento que empezamos a sufrir desde las 3:34 de la madrugada de tan fatídica jornada.

En poco más de dos minutos redescubrí una parte de mí que había olvidado: no le tengo miedo a los temblores, pero sí le tengo pánico a los terremotos, cuando el tiempo parece inacabable y el ruido parece sacado de la más horrible película de terror.

Tendré que habituarme a vivir con ese recuerdo de cientos de miles de vidrios quebrándose al unísono en toda una ciudad; a mirar a mi pareja apoyada en el dintel y sentir que se bate con una fuerza que mis manos no logran aplacar; a mirar una ciudad que está detrás de una bruma de polvo que copa todos los espacios. Y de ahí al silencio, un silencio sepulcral que dura apenas unos segundos, quizás menos, pero que sirve tan sólo de preludio para gritos y llantos desgarradores, de caras de angustia, expectantes, que miran como si estuvieran preguntándose: “¿En qué momento viene el otro?”.

Y de ahí el corte de luz, del agua, de los teléfonos, de las transmisiones de radio, de todo. Fue como si todo se hubiera acabado y nos viéramos en la necesidad de partir de cero... y mucho de eso hay.

Mientras trato de reponerme del terremoto me doy cuenta de que estoy haciendo cosas que antes no habría hecho. Les hablo a mis vecinos no por cortesía, sino porque de verdad me interesa saber cómo están; me inquieto por mis amigos más cercanos, que no están conmigo en ese instante; y por sobre todo pienso en mi familia y la angustia se apelotona en mi garganta. Evito llorar para no asustar a quienes me acompañan, pero quiero hacerlo. Imagino a mis padres, mis hermanos y recién dimensiono qué sería la vida sin ellos.

Han sido dos minutos que nos han cambiado mucho. Un amigo me comentaba lo terrible que era que tuvieran que pasarnos tragedias como ésta para darnos cuenta de lo que realmente era importante, de cuáles deberían ser las verdaderas prioridades.

Por estos días la televisión ha insistido con las imágenes de los saqueos en diferentes puntos del país, pero me queda la sensación de que con todo lo reprochable que son dichos actos vandálicos, poco se hace para mostrar los gestos de solidaridad y unión que priman por estos días en los barrios de nuestras ciudades, donde de verdad nos interesa conocer el drama que sufre el otro para ver cómo es que podemos ayudarlo.

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